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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Profesor y Coordinador de la Maestría de Sociologìa Unidad de Posgrado de Ciencias Sociales

Vallejo en algunas publicaciones recientes

César Vallejo, uno de los máximos exponentes de las letras hispanoamericanas, es y será siempre objeto de renovados estudios y de constantes reediciones de su obra o de parte de ella en cualquier parte del mundo, y el descubrimiento de algún documento inédito se constituirá en un motivo de regocijo académico. En efecto, una selección de sus poemas y la edición facsimilar de un segmento de su amplísimo epistolario son recientes novedades editoriales aparecidas en Buenos Aires y Montevideo, respectivamente. Además, tres cartas inéditas del poeta han sido publicadas recientemente en Lima.

“César Vallejo. Poemas selectos”[1]  está precedido por un estudio a manera de prólogo del estudioso argentino Gustavo Lespada,[2]  quien desde el inicio de su texto, titulado “César Vallejo: poética y humanismo”, deja en claro el punto de vista que quiere relevar: “Tal vez no exista otra poética en la que una experimentación tan radical sobre el lenguaje converja con un rotundo compromiso humano y social, como sucede en la del peruano César Vallejo…” (p. 7). Lespada sostiene la hipótesis que, ya desde sus inicios como escritor, Vallejo tenía un “proyecto poético propio”, lo que, señala, se deja ver en sus “transgresiones y rebeldía formales” (p. 8), las que no son productos eventuales o de moda, sino que son permanentes, constantes, en toda su obra. Así, encorsetar al poeta dentro de las reminiscencias románticas o modernistas carece de sentido, señala; igualmente ocurre cuando se pretende encajar la poética vallejiana dentro de reminiscencias católicas. El crítico argentino afirma, por el contrario, que si bien existe “una indudable presencia del imaginario religioso” no tiene un sentido “de veneración pasiva o del acatamiento gregario”, sino uno cuestionador, de interpelación, propio de un cristianismo rebelde en todo caso.

Acerca de “Trilce”, el segundo poemario de Vallejo, Lespada dice que representa la “total rebelión frente a las convenciones lógicas y del lenguaje en su conjunto…” (p. 12), y que florece claramente una gramática personal, que es utilizada para facilitar el tráfico que fluye de lo popular y cotidiano, que permite rescatar la oralidad y restituir la significación de la palabra. Pero simultáneamente a su elaboración poética, destaca Lespada, Vallejo se inserta en las pasiones políticas de su tiempo, especialmente cuando se adhiere al marxismo (el que convive en su espíritucon el cristianismo) y visita a la Unión Soviética tres veces entre 1928 y 1931, además de apoyar a la República durante la sangrienta guerra civil española. No obstante su agonismo, el poeta mantiene su defensa de la libertad inconmovible del artista, la misma que consideraba debía de estar por encima de los programas políticos, releva Lespada.

El problema surge cuando el artista no tiene las condiciones materiales para desplegar libremente su imaginación literaria. Es decir, cuando no ha podido consolidar una base mínimade estabilidad para asegurar la supervivencia. Esta situación produce una sensación de angustia que se descubre en las cartas que Vallejo le dirigiera desde París, entre 1924 y 1934, al diplomático, también peruano, instalado en Madrid, Pablo Abril de Vivero, y que la Biblioteca Nacional de Uruguay ha editado gracias a la pulcra labor de Andrés Echevarría.[3]  No se trata exactamente de una primicia editorial, pues estas cartas ya han sido publicadas anteriormente por Juan Mejía Baca, José Manuel Castañón, Ricardo Silva Santisteban y Jesús Cabel. El agregado que trae este volumen es la reproducción facsimilar de las cartas del poeta, a veces escritas a mano, otras a máquina.[4]

Si hay un tono que marca las 114 cartas de Vallejo es el de la angustia y desesperación por no alcanzar sosiego económico alguno en su vida. Solo pongo dos comunicaciones como ejemplos que denotan su urgencia. La primera: “Le agradezco mucho el envío, tan oportuno, de las ciento setenta y cinco pesetas. Me han caído a su hora, pues estaba yo para las últimas. Mil gracias, Pablo” (París, 8 de mayo de 1926). La segunda: “Ruégole proporcionarme algún dinero. Escribiré. Gracias. César” (telegrama desde París, 15 de enero de 1930). Intentos hizo Vallejo, y varios (beca, revista, colaboraciones en diversas publicaciones) para salir de la crisis económica personal, pero sin suerte, todos fallidos. Como sostiene Echevarría: “La vida de César Vallejo en Francia, a pesar de sus intentos por buscar otro destino, es la de un bohemio sobreviviente cargado de recursos para subsistir” (p. 9).

Queda después de leer estas cartas un sabor amargo, pues casi no hay comunicación en la que Vallejo no le pida a Abril de Vivero ayuda económica, a veces con el tono urgente de un hombre que ha llegado a sus límites, como vimos. No obstante, como enfatiza Echevarría, Vallejo sabía reír, no abandonó sus costumbres bohemias, aun cuando su esposa, Georgette, siempre buscó ocultar ese aspecto de la personalidad del poeta. Igual, habría que añadir, que cierta críticaque presenta a Vallejo como un ser siempre y exclusivamente doliente, conviviendo permanentemente con el pesar, como si la persona fuera exacta encarnación del autor y su obra.En esta visión, que abreva mucho del sufrimiento cristiano, nuestro poeta pareciera no permitirse a sí mismo ninguna manifestación de alegría, lo que en definitiva resulta, irónicamente, una visión inhumana de nuestro poeta más humano.

Por otra parte, Vallejo, a pesar de vivir en Europa desde el año 1923 (el mismo año en el que Haya de la Torre parte al exilio y en el que Mariátegui vuelve al Perú), en los primeros momentos del que sería el largo gobierno de Leguía, nunca olvidó su origen peruano y su arraigo cultural. La revista peruana Lucerna,[5]  gracias al empeño de Jesús Cabel, ha publicado tres cartas que Vallejo escribió desde París a Luis E. Valcárcel, que nos dicen algo de cómo sentía la historia nacional. En la primera carta, del 7 de diciembre de 1935, cuando el mencionado arqueólogo era director del Museo Nacional durante el gobierno dictatorial del general Óscar R. Benavides, Vallejo le confiesa: “Me intereso entrañablemente por los trances, pasados y presentes, de mi raza”. Por eso, lo exhorta a que le envíelo que crea necesario para hacer propaganda “de nuestra historia y arqueología”. En el mismo sentido, en la cartadel 15 de marzo de 1936, encomia la labor de Valcárcel: “Yo me solidarizo plenamente con sus esfuerzos al servicio de los valores indígenas de nuestro pueblo”. En la tercera carta (2 de febrero de 1938, la penúltima de su vida, como destaca Cabel),[6]  se encuentra a un Vallejo universalista: “Hablando con Tristán Tzara,[7]  se me ocurre un viaje de este amigo a América, podría sernos útil, desde el punto de vista de las ideas universales que nos son comunes”.

La admiración por Vallejo seguirá dando frutos, en cualquier parte del mundo, con investigaciones y publicaciones que traten de ofrecer nuevos puntos de vista sobre su vida y obra.
 

Notas:

1. César Vallejo. Poemas selectos, Corregidor, Buenos Aires, 2013, con prólogo de Gustavo Lespada titulado “César Vallejo: poética y humanismo”.
2. Poeta y crítico literario, autor de varios libros y profesor de la Universidad de Buenos Aires. En 2003 ganó el Premio Juan Rulfo en la categoría ensayo literario por su trabajo sobre Las cartas que no llegaron, de Mauricio Rosencof, y en 1997 fue premiado por la Academia Nacional de Letras del Uruguay por su ensayo sobre Nadie encendía las lámparas, de Felisberto Hernández.
3. Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero, edición y prólogo de Andrés Echevarría, Acervo de la Biblioteca Nacional de Uruguay, Montevideo, 2013. Además, se incluye una cronología, algunos poemas, un glosario de los personajes que aparecen en la correspondencia y dos documentos: un proyecto de revista, La SemaineParisienne, y los gastos que esta demandaría.
4. Andrés Echevarría es poeta y ensayista uruguayo. Investigador Asociado de la Academia Nacional de Letras e integrante del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional. Obtuvo el Premio Municipal Juan Carlos Onetti en 2011, entre otras menciones.
5. “Tres cartas inéditas de César Vallejo a Luis E. Valcárcel”, en Lucerna. Revista de Literatura, año 2, núm. 2
6. Jesús Cabel, “El Perú, los peruanos y tres cartas inéditas de César Vallejo”, op. cit.Cabel es un estudioso peruano de las letras nacionales, tiene varias publicaciones al respecto; además es un buceador frecuente de archivos que le han permitido descubrir documentos inéditos de nuestros escritores. Ha sido director del Instituto Nacional de Cultura de Ica, y actualmente es profesor de la Universidad San Luis Gonzaga de dicha ciudad.
7. Tristán Tzara, seudónimo del poeta y ensayista rumano Samuel Rosenstock, fue uno de los poetas más importantes de la corriente dadaísta.