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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Vargas Llosa, el centro del universo

La Feria Internacional del Libro ha cambiado en la edición de este año su formato tradicional de invitar a un país. Esta vez ha apostado por un universo: el de nuestro afamado escritor Mario Vargas Llosa.

Nadie duda de que se merezca este homenaje. Vargas Llosa ha sido un gran representante de las letras peruanas en el mundo durante las últimas seis décadas. Desde su primer libro, Los jefes, pasando por obras notables como La ciudad y los perros y Conversación en la catedral, el escritor arequipeño ha sabido ilustrar al mundo la realidad peruana. Al mismo tiempo, con grandes novelas como La fiesta del chivo y La guerra del fin del mundo (esta última la mejor en mi concepto), nuestro único Premio Nobel también ha retratado nuestra América Latina.

Es indiscutible el talento de Vargas Llosa para las letras. Gran parte de su mérito responde a él mismo. Sin embargo, el impulso que tomó su carrera literaria tiene también respaldo en su pertenencia del Boom latinoamericano, del que formaron parte grandes autores como el colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Julio Cortázar y el mexicano Carlos Fuentes. Eso lo catapultó como figura indiscutible dentro de las letras peruanas en el planeta. Otro hecho que lo marcó como referente, ya no solo literario, sino político, fue su aventura como candidato presidencial en las elecciones de 1990. Sus constantes opiniones políticas en los últimos años lo han puesto definitivamente en la escena mediática. Sus amores y desamores, también.

Es muy difícil saber qué hubiera sido de Vargas Llosa de no haber sido parte del Boom o si no tuviera tanta presencia mediática. El Premio Nobel que obtuvo en 2010 terminó de marcar su sello. Lo que sí parece claro es que toda esa aura en torno a su figura opacó no solo a los escritores (y escritoras) de su generación, sino a quienes siguieron después.

Y es allí donde tenemos un problema con la monopolización de la figura de Vargas Llosa. Quienes fueron diferentes, como Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique, quedaron opacados por momentos. Los demás, casi todos los escritores (y aspirantes a serlo) solo se fijaban en el Nobel como norte a seguir. Y muchos murieron en el intento. Es como si en el fútbol peruano, los seguidores de Teófilo Cubillas solo se fijaran en el Nene, cuando hubo un Cueto, un Oblitas, un Sotil que también fueron grandes. La consecuencia es que en la literatura peruana, todo parece girar en torno a Vargas Llosa. Para bien y para mal.

Paulatinamente, algunos jóvenes nombres, nacidos entre fines de la década de 1970 y principios de la de 1980, empiezan a sacudirse de ese universo. Han comenzado a mirar otros planetas y galaxias. Unos muestran timidez; otros, firmeza. Unos lo critican por ser muy de derechas; otros, por su conservadurismo en cuanto al feminismo, por ejemplo. De igual forma, hay quienes lo defienden.

La crítica debe ser bienvenida. Y la defensa y el debate también. Eso es saludable para ampliar el campo de la literatura peruana, que antes del universo Vargas Llosa, era realmente variopinto. Nombres como los de Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner, César Vallejo, Blanca Varela, Ciro Alegría y José María Arguedas, eran los que representaban las letras del Perú antes de la década de 1960. Recuperar esos nombres y esa rica tradición es la tarea de quienes continúan en este camino de la literatura.

Gracias a la globalización y las fronteras casi desaparecidas, esa revalorización ya ocurre en el exterior. En España y en Europa, nuevas ediciones de La palabra del mudo y Prosas apátridas, de la autoría de Ribeyro, ya circulan como pan caliente. Editores y críticos literarios lo reconocen ya no como un escritor de culto, sino como un grande de la literatura peruana. Cronwell Jara, notable narrador peruano, es estudiado en Chile y constantemente invitado. Una editorial del país de Pablo Neruda y Gabriela Mistral ha sido bautizada como Montacerdos, una de sus obras más notables. Aquí recién se le está dando reconocimiento, tras una gran trayectoria.

Cuando ganó el Premio Nobel, Vargas Llosa dijo que él era el Perú. Eso está fuera de discusión en parte. El Perú no solo se expresa en la voz propia del laureado escritor. Hay otros universos por explotar y explorar, como los de Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez. Voces que expresan una realidad peruana tan vigente, tan actual, que parece que el tiempo no ha pasado. Y también otras perspectivas críticas que escuchar, que vayan más allá de representantes del conservadurismo político del continente como sus apadrinados Oppenheimer y Montaner.