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Una publicación de la asociación SER

Vizcarra, sin suerte y sin virtud

Foto: Presidencia de la República

Carlos Reyna. Sociólogo.

En plena caída frente a la opinión de la gente

Políticamente hablando, cuando aparecieron los desdichados audios, ya estaban yendo muy mal el gobierno y el Presidente Vizcarra. Hace apenas un mes le tumbaron al fugaz premier Cateriano. Y esto no solo afectó al defenestrado sino también a quien lo había designado. Y allí nomás los medios internacionales comenzaron a echar sal sobre la herida, al hacernos saber que el Perú era el país más castigado por la epidemia y con la peor caída económica.

Estos reveses en los planos epidemiológico y económico no aparecieron de la noche a la mañana. La gente los vino sintiendo desde que apareció la pandemia. Al comienzo fue un acierto virtuoso aquella primera medida de una severa cuarentena. Estaba al nivel de lo que necesitaba el país con las peores defensas sanitarias del continente. Pero el resto de las medidas ya no estuvieron al nivel de lo que era necesario. Todos nos dimos cuenta, pero la mayoría calló y esperó estoicamente, porque percibíamos la desigual batalla que libraba el gobierno.

Poco a poco, comenzaron a hacerse notar las expresiones de descontento y de desesperación. El personal de salud, primero, porque estaba en la primera línea sin protección ni los equipos del caso. Lo hicieron notar con gritos y plantones en las puertas de los hospitales. Luego, las familias, crecientemente asoladas por el virus y la escasez de camas y oxígeno. Finalmente, el torrente de miles de desempleados, informales y caminantes que, por el hambre, decidieron desobedecer abiertamente las regulaciones sanitarias del gobierno. Dejaron en evidencia que el país se le había ido de las manos.

Por esto es que al primer mes de la epidemia, la aprobación popular del Presidente estuvo muy alta, cerca del 90 %. Y después fue cayendo hasta que en agosto reciente se puso en el 60 %. Y la desaprobación, que comenzó con un bajísimo 11%, escaló hasta el 37 % (cifras de Ipsos, que ojo son solo urbanas).  Pero sobre la PCM las cifras son más críticas. Para el mismo tramo de meses, pasaron de 75 % a 47 % de aprobación. Y de desaprobación, subieron de 22 % a 49 %. Y sobre el Poder Ejecutivo, como un todo, la aprobación cayó de 68 % a 40%. Y la desaprobación subió de 40 % a 52 %.

Por eso es que fue necesario el cambio del gabinete Zevallos. Pero la opción por el incontinente y figurador Cateriano fue desafortunada. Causó otra baja en la aprobación. Tuvo que optarse por la mesura y austeridad de Martos,  por el auxilio militar, pues, para intentar contener la desgracia epidemiológica y la crisis económica, lo urgente era impedir que se sumara el desorden y el descontrol.

Y justo cuando las cifras del virus han comenzado a mejorar, y en algo las económicas, aparece este asunto de los audios y su vicioso contenido.

El mal espejo de las encuestas y de los medios masivos

Los gobernantes y políticos de esta época comunicacional tienden a confiar en exceso en la manera como las encuestas dan cuenta de la opinión pública,  y en la forma como presentan la información, los grandes medios como la televisión o los grandes diarios.  Sobre todo si ambas fuentes les son gratas.

En el caso del actual gobierno, estas fuentes de información han tendido a ser muy poco críticas y rigurosas sobre lo que estaba pasando en el país desde que comenzó la pandemia. No podían dejar de mostrar las escenas de dolor de la gente, o las cifras de aprobación y desaprobación del gobierno, pero sin mayor indagación ni reflexión. Han venido siendo muy indulgentes.

La información más completa, la investigación más sugerente y los análisis más serios han estado viniendo de medios virtuales o de reportajes del periodismo extranjero. De los informativos virtuales peruanos algunos ya existían antes de la pandemia y algunos otros se lanzaron específicamente para cubrirla. Sus conductores suelen ser periodistas de investigación que han pasado por los medios masivos. Si alguien quería o quiere saber qué pasa con la pandemia y sus colaterales, y por tanto qué hacer, tenía que tomarlos en cuenta.

Pues ha sido gracias a ellos, y a investigadores individuales activos en redes sociales como Twitter, que se fue demostrando la inexactitud, para decirlo suavemente, de las cifras oficiales sobre contagios y decesos. Y por tanto se fue asentando y creciendo la convicción de que desde el gobierno no se decía la verdad, lo cual fue erosionado la credibilidad y debilitando al Presidente.  

Por fiarse de aquellos espejos distorsionados, es que un gobierno, pese a los serios indicios de que las cosas no iban tan bien, de que tenía que hacer ciertas cosas, puede un día despertarse y ser sorprendido por lo mal que se pueden poner, lo vulnerable de su condición y aun así musitar: “cómo no lo vi venir”.

Parte importante de la distorsión informativa de los grandes medios proviene de su articulación con poderes económicos muy visibles. Esto ya ha sido revelado con mucho detalle por los medios virtuales.

Tales medios han documentado los vínculos estrechos entre grupos empresariales que tienen presencia simultáneamente en medios, bancos, AFP, seguros de salud, clínicas y farmacias.  O también de un cuasi monopolio del oxígeno en manos de una empresa. Por sus vínculos con este abanico de intereses, los grandes medios afines, colocan agendas informativas que no tocan los abusos en materia de precios de medicinas, atenciones o intervenciones o satanizan cualquier señal de intervención gubernamental. Y pese a que otros gobiernos en Europa o en América Latina han intervenido en nombre de la emergencia sanitaria y que la legislación peruana no solo permite, sino prescribe eso, el gobierno se abstuvo de algún paso en ese sentido. Otro factor de debilitamiento político.

Incentivos para el populismo demagógico

Cabe señalar que las inhibiciones del gobierno en el sentido mencionado son compartidas por buena parte de los partidos políticos más grandes e institucionalizados. Los de derecha, para agradar a una esfera económica que siempre han querido representar políticamente. Los de centro, para ser gratos a los medios masivos y no aparecer como “populistas” o “chavistas”. Y los pocos de izquierda, por andar concentrados en exceso en agendas donde la prioridad la tienen temas identitarios o ambientales, y están poco atentos a temas antiguos pero muy potentes y siempre actuales como los de la salud pública, los laborales y los abusos del sistema financiero.

Por estas exclusiones, inhibiciones y olvidos programáticos del elenco partidario peruano es que a todos les fue muy mal en las elecciones congresales últimas, y ganaron distintas facciones decididas a avanzar sus posiciones de dos maneras: Primero, ofreciendo, ante la emergencia, poner dinero en manos de la gente a partir de medidas insostenibles. Segundo, polarizando en extremo con el gobierno, tratando de sacar provecho faccioso de su desgaste y debilitamiento político. Un ingrediente adicional, que explica la agresividad de algunas de esas facciones, es que llevan en sus filas a personajes con problemas judiciales. Atrincherarse en el Congreso y enardecer los conflictos con el gobierno es la vía para eludir a la justicia.

La primera gran victoria política que tuvieron estas facciones fue haber derribado al premier Cateriano.  Pero debe admitirse que esa victoria fue un obsequio del propio Presidente Vizcarra pues peor designación no pudo haber hecho. Después de ese logro, y aún más debilitado el gobierno, tales facciones quedaron dispuestas para ir por más, por todo lo que pudieran.

Y el Presidente Vizcarra, a su vez, quedó muy necesitado de aliados. Solo había que sumar uno más uno para darse cuenta de que, con ese nivel de vulnerabilidad, necesitaba aliados fuertes y disuasivos. ¿Del mundo empresarial? No, por su experiencia con Kuczynski, Cateriano y otros. ¿Del mundo partidario? No, porque estaban en nada. Solo quedaban los militares. Por eso, optó para por el general Walter Martos, que alguna habilidad política había mostrado, para jefe de gabinete.

El rol de los militares

Ya en abril de este año, el gobierno decidió colocar a un general del Ejército en un puesto de importancia en las acciones contra la pandemia en Arequipa, el general de división Edward Gratelly, jefe de la III Región Militar.  Se le encargó ser jefe del Comando Regional Covid Arequipa. Estuvo hasta el mes de julio, pero el hecho ya indicaba que ante la precariedad del tejido político, el gobierno estaba dispuesto a convocar a altos oficiales de las FFAA.

Más adelante, el propio general en retiro Walter Martos, entonces ministro de Defensa, fue convirtiéndose en un cuadro importante dentro del equipo encargado de monitorear las acciones anticovid en las regiones. Hasta que llegó a ser uno de los dos principales voceros del tema, junto con el ministro Zamora, primero, y Pilar Mazetti, después.

En el gabinete Cateriano, un Teniente General FAP en retiro, Jorge Montoya, fue designado ministro del Interior y continuó con el gabinete Martos hasta hace unos días. Y cuando Martos asumió como Premier, en su gabinete,  otro general en retiro, Jorge Chávez, fue nombrado como ministro de Defensa.

De manera que cuando aparecen los audios, ya Vizcarra tenía a su lado precisamente a los generales que están siendo ahora los protagonistas dentro del equipo de ministros que defienden su continuidad como Presidente.

Perspectivas de la Vacancia

A no ser que aparezcan nuevos audios que saquen a la luz nuevas o más graves evidencias de comportamiento ilegal del Presidente, es casi seguro que los vacadores no conseguirán los 87 votos necesarios para la vacancia.

Hasta ayer sábado 12 el núcleo más duro de los que buscan la vacancia eran Alianza para el Progreso, Unión por el Perú y Podemos. Si votaran todos sus integrantes sumarian 47 votos.

El núcleo duro contra la vacancia son FREPAP, Partido Morado y Frente Amplio. Suman 32 votos. A ellos se pueden sumar los no agrupados, que son 3 y no votaron por la admisión a debate de la vacancia.

En los otros grupos, en la votación de la admisión a debate de la vacancia, hubo votos matizados a favor, en contra y abstenciones.

Se trata de Acción Popular, Fuerza Popular, y Somos Perú. Si todos sus integrantes votaran por la vacancia, los votos totales por dicha vacancia llegarían a 97 y la lograrían.

Sin embargo, en la votación por la admisión a vacancia, en Acción Popular hubo 4 votos en contra. En Fuerza Popular hubo 9 en contra. Y en Somos Perú, fueron 9 en contra. Puede asumirse que, si votaron contra admisión a debate, con mayor razón votarían contra la vacancia. Con ello, los votos a favor bajarían de 97 a 75 votos.

Esta es una primera razón para pensar que no llegarán a los 87 votos.

La segunda es que después de la aparición de los audios ocurrieron dos hechos que han debilitado a los promotores de la vacancia. El primero fue la aparición de Richard Cisneros denunciando al ex contralor Edgar Alarcón y al presidente del Congreso, Manuel Merino. Y el más desgastante para ellos ha sido el burdo error, cometido por Merino, de buscar comunicarse con los comandantes generales de los institutos armados. Esto les resta legitimidad -si alguna tenían- a los vacadores, y es probable que les reste más votos.

De hecho, el primero en tomar distancia de la vacancia ha sido César Acuña, líder de Alianza Para el Progreso, que ya pidió a su bancada no votar por la vacancia y era uno de los grupos del núcleo duro.

A esta perspectiva de improbabilidad de la vacancia respecto a los votos, cabe añadir el recurso cautelar que el gobierno presentará ante el Tribunal Constitucional. Entre los constitucionalistas es discutible si en los audios hay sustento para sustentar una vacancia. Sin embargo, entre las cuestiones que siempre tiene en cuenta un tribunal, incluido el Constitucional, figura el impacto social que una medida podría tener. Bajo ese prisma, el TC podría conceder la medida cautelar.

Por otro lado, también debe considerarse la reacción que podrían tener las Fuerzas Armadas ante una vacancia. El nivel de su involucramiento en el conflicto ha escalado a tal nivel que resulta difícil imaginar a estas mismas FFAA subordinada a un gobierno presidido por Manuel Merino.

Estas cuestiones también pesarán en las decisiones de voto de los congresistas de partidos con mayor experiencia, como Fuerza Popular y el propio Acción Popular.

Vizcarra después del debate sobre la vacancia

Aun si se libra de la vacancia, Martin Vizcarra quedará aún más débil políticamente de lo que ya estaba antes de los audios. Primero, por el desgaste y decepción adicionales a los que ya cargaba. Segundo, porque en este momento ya es un personaje camino a una investigación por algunos delitos como obstrucción a la justicia, encubrimiento real o falsedad ideológica.

De hecho, incluso los del núcleo duro contra la vacancia promoverán una investigación para determinar su responsabilidad. Con mayor razón los que han promovido su vacancia. Por otro lado, el Ministerio Público ya inició una investigación preliminar sobre los hechos referidos en los audios y podría hallar nuevas evidencias o nuevos delitos.

Por tanto, Vizcarra estará altamente expuesto en lo que queda de su gobierno y, todavía más, al terminarlo. Eso determinará que crezca el rol de las fuerzas armadas en los siete meses que vienen hasta las elecciones para cambio de gobierno. La peruana podría devenir en una especie de democracia bajo tutela militar.

De esta manera, podría decirse que, para la opinión de la gente, Vizcarra comenzó la epidemia como un virtuoso sin suerte, y ahora está en el grave riesgo de quedar como un político más que no tiene ni suerte ni virtud.