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Una publicación de la asociación SER
Historiadora y candidata al doctorado en Antropología Social del Institut des Hautes Etudes de l’Amérique Latine (IHEAL) - Université Sorbonne Nouvelle Paris III. Especialista en los estudios de memoria de veteranos de guerra en el Perú

¿Y dónde quedó el “Nunca Más”?

Foto: The Clinic

De la “defensa de la democracia” a la “guerra contraciudadana”: el nuevo paradigma de la “dictadura empresarial”

Miles de policías y militares latinoamericanos han demostrado las últimas semanas, absoluto “sometimiento” al “poder político” en “defensa de la democracia” actuando con “subordinación y valor” en el cumplimiento de su “deber”.

Hemos sido testigos de sus “ heroicas jornadas”, mientras cumplían la “orden” de sus Jefes Supremos (Presidentes o “autoproclamados”) de arremeter sin compasión contra sus propios compatriotas. Decenas de muertos, discapacitados, miles de heridos de gravedad, desaparecidos, víctimas de violencia sexual y hasta de tortura ha sido el saldo de estas “hazañas” en Ecuador, Chile y ahora mismo en Bolivia; sin contar con lo que desde hace mucho viene ocurriendo en el Venezuela, Colombia, Perú, Brasil y demás países vecinos. ¿Así es cómo hoy policías y militares comprenden el cumplimiento de su “deber” en defensa de la democracia?

La militarización del “orden interno” y la “exención” de responsabilidad penal dispuesta para que los agentes de seguridad cumplan la misión de reprimir las movilizaciones sociales desatadas las ultimas semanas en diversos países latinoamericanos, no solo pareciera representar una respuesta desesperada de los gobiernos de turno para hacer frente a las multitudinarias protestas en contra de las políticas neoliberales. Estas medidas y las formas de la violencia con las que actuaron los agentes de seguridad más bien nos parecen anunciar la existencia de intereses supranacionales que intentan provocar el retorno de nuevas guerras fratricidas en nuestros países, es decir que volvamos al pasado, y una vez más, empecemos a matarnos entre hermanos. ¿Y dónde quedó el “Nunca Más”?

La frase que el Presidente de Chile evocó para legitimar la decisión política de movilizar su Ejército a las calles y enfrentar militarmente a sus ciudadanos, justamente lo demuestra: “Estamos en guerra”. ¿Qué guerra? ¿Y contra quién?. En Bolivia ahora mismo los policías y militares tienen la orden de “defender la democracia” con arma en mano para apuntarla incluso contra los miembros de sus propias comunidades indígenas. ¿Qué democracia es la que se defiende? ¿Estamos acaso frente a un nuevo paradigma de “guerra contraciudadana”? ¿Quién está detrás de todo esto?

Indistintamente de las características propias y de la naturaleza de los conflictos ocurridos en cada uno de estos países, el reclamo desde la calle tiene un denominador común: la vigilancia y protesta social frente al modelo económico neoliberal que a todas luces ha pervertido los sistemas democráticos beneficiando directamente a las élites empresariales y no a la ciudadanía a la que tiene el deber de representar. Paradójicamente, sabemos que en gran medida las democracias de estos países vienen siendo sostenidas sobre constituciones impuestas en tiempos de dictaduras que posibilitaron justamente el establecimiento del modelo económico neoliberal. De allí que las reformas constitucionales aparecen como tema central en las demandas ciudadanas. Las cartas margas, empleo, interpretaciones y reformas ahora mismo aparecen como territorios en disputa y negociación. ¿El botín de la “guerra” anunciada?

La demanda ciudadana de cambiar estas constituciones neoliberales ha supuesto la reconfiguración en las reglas de juego de este modelo económico poniendo en vilo los intereses de las élites empresariales más poderosas del mundo que han ocupado la región. Ello explica por qué la “defensa democrática” del modelo neoliberal vale la declaratoria de una “guerra” por parte de las élites empresariales que prácticamente dominan desde la sombra al Estado, instaurando una suerte de “dictadura empresarial” dispuesta a hacerle la “guerra” a todo aquel que se oponga a cambiar el modelo económico.

Una “guerra” que ha valido el despliegue y la construcción de las defensas más temerarias por parte de esta “dictadura empresarial”para derrotar en la calle a los ciudadanos y ciudadanas que no soportan más un sistema que los ha arrastrado a la pobreza extrema y condenándolos al endeudamiento perpetuo. La calle, convertida en el “campo de batalla”, revela esta nueva forma de “guerra contraciudadana” que luce mediada por los máximos representantes de los gobiernos y el mismo Estado, donde tanto las decisiones políticas como el mismo aparato burocrático, parecen ser empleados por este “nuevo régimen” para el ejercicio de su poder, haciendo uso incluso de la “violencia legítima” de exclusividad del Estado para callar a todo aquel que quiera oponerse a sus intereses. Así, esta “dictadura empresarial” se daría el lujo de usar las armas del Estado, porque en muchos casos las financia. Un hecho corroborado en el Perú, cuyo “sistema democrático” ha venido funcionando de facto con el financiamiento de las élites empresariales y redes criminales de corrupción. En este escenario, los gobiernos de turno y sus Estados operan junto a la denominada “dictadura empresarial” trastornando el deber sagrado de policías y militares, al otorgarles carta abierta para cometer todas las violencias en nombre de la “defensa de la democracia” a cambio de impunidad.

Con esta “nueva misión” de hacer “guerra” en las calles, los agentes de seguridad estarían pasando de ser una fuerza efectiva encargada de defender los supremos intereses de la Patria, el sistema democrático y a los ciudadanos, a brindar sus servicios en defensa de los “supremos” intereses de los financistas del “sistema democrático”. Siendo así, policías y militares miembros de nuestras Fuerzas Armadas debieran repensar seriamente el lugar que ocupan en medio de esta “guerra” del que ahora forman parte. Debieran plantearse por qué insisten con un accionar condenable que vuelve a colocarlos en el papel de “perpetradores” o “violadores de derechos humanos” reforzando el estigma que los ha perseguido por generaciones ¿No les duele aparecer como “verdugos” de sus propios hermanos y hermanas? ¿Dónde quedó el “Nunca Más” en sus conciencias?

En estos tiempos de “guerra” anunciada por la “dictadura empresarial”, los agentes de seguridad del Estado, policías y militares tendrían que considerar necesario reforzar el ejercicio de la memoria, repensar sus historias institucionales y mirarse en el espejo para recordar cuánto costó levantar de las cenizas a sus instituciones luego de los infaustos golpes de Estado, las dictaduras militares, las guerras internas y demás deleznables episodios ocurridos en la historia de nuestros países. Este ejercicio obviamente no solo correspondería a los altos mandos, sino fundamentalmente al personal subalterno encargado siempre de cumplir las órdenes “sin dudas ni murmuraciones”, de usar su cuerpo como arma de guerra y al mismo tiempo de ser carne de cañón. ¿Acaso no son también ciudadanos? ¿Acaso no sufren con estas violencias?

Así como hemos sido testigos de la violencia más brutal cometida por parte de los agentes de seguridad durante estas movilizaciones sociales, al mismo tiempo se han presentado muestras excepcionales en el que policías y militares se revelaron en contra del mandato de sus jefes supremos de reprimir y dar muerte a su prójimo.

En Ecuador, un grupo de militares se enfrentó a golpes con efectivos policiales por el abuso a cometido contra un grupo de manifestantes . Asimismo, mientras militares y policías del alto mando en Bolivia se pronunciaron públicamente para pedir la renuncia del electo Presidente Evo Morales en lo que parecía ser un nuevo “golpe militar”, algunos soldados entonando el himno nacional empuñaron la “wifala” (bandera oficial) levantándola como señal de que no se enfrentarían a sus hermanos indígenas . Tanto en Ecuador como en Bolivia la población buscaba doblegar la represión ordenada a estos agentes, arengándoles: “militares sí policía no”, “hermano militar, únete a tu pueblo”, lemas que quebraron incluso a algunos soldados que rompieron en llanto procediendo a renunciar a sus armas para sumarse a los manifestantes; pues no es de sorprender que en las movilizaciones también estuvieran representadas las voces de los familiares de los soldados ¿acaso los militares y policías subalternos no son también los más pobres en nuestros países? ¿Sus bolsillos no sufren con las medidas neoliberales? .

En Chile, mientras algunos militares abogaron ante “los carabineros” por el respeto de los manifestantes durante sus marchas pacíficas, a quienes los ciudadanos y ciudadanos repetían “paco: escucha únete a la lucha”, estos agentes policiales, reconocidos en el mundo por su “alto nivel de profesionalización”, hicieron oídos sordos. Demostraron una vez más, la vasta experiencia en su oficio actuando a quemarropa en las calles como si se tratara de la teatralización del pasado de represión vivida durante la dictadura de Pinochet que condenó a la muerte a cualquier ciudadano disidente, procedimiento que aprendieron de la doctrina de “guerra anticomunista” de aquellos tiempos.

Justamente en respuesta a estos abusos de poder y en contra de las sistemáticas violaciones de derechos humanos cometidas durante las dictaduras militares sucedidas en las últimas décadas del siglo XX en diversos países latinoamericanos, es que se buscó -con el objeto de recuperar y defender la democracia- el sometimiento absoluto de los militares a las autoridades políticas civiles del Estado elegidas mediante el voto popular. Para esto se dieron medidas constitucionales que tendieron a la despolitización de los agentes de seguridad, reconfigurando las atribuciones de los militares y policías, paralizando por así decirlo el desarrollo de su pensamiento estratégico.

En otras palabras, con el control político y civil sobre los militares y policías, se fue relegando el liderazgo de los agentes de seguridad en las decisiones concernientes a la defensa nacional. Se fue produciendo paulatinamente el desmantelamiento de los mecanismos necesarios para que estas corporaciones reelaboren sus objetivos y doctrina, se redujeron los espacios de generación de pensamiento y discusión acerca de los nuevos paradigmas de la “defensa” y la “seguridad” en el nuevo comienzo de la era democrática. De allí que no sea casual que popularmente se afirme que “los policías y militares no piensan” o “solo reciben órdenes”.

Bajo esta consigna, la autoridad civil tenía entonces en sus manos la enorme responsabilidad de marcar las pautas de la actuación de policías y militares, es decir formular sus nuevos paradigmas doctrinarios. ¿Cuál es entonces la actual doctrina de la “defensa nacional” pensada desde la autoridad civil para el dirigir el accionar de los agentes de seguridad? ¿Cuáles son los paradigmas con los que nuestros policías y militares vienen siendo formados en sus escuelas? ¿ Para qué amenazas se preparan? ¿Quién es el nuevo enemigo hoy? Estos son solo algunos de los cuestionamientos que nos interpelan como sociedad frente a la oleada de violencia interna que ha provocado los más cruentos, vergonzosos y dolorosos enfrentamientos entre compatriotas.

Sí, al fin y al cabo, gran parte de nuestros impuestos sostienen a la Policía y a las Fuerzas Armadas, es un legítimo reclamo conocer por qué las armas que financiamos los ciudadanos y ciudadanas ahora se apuntan y disparan contra nosotros. ¿Quién está detrás del fomento de una nueva era de guerras fratricidas?

Claro está que en esta forma de “dictadura empresarial” solo está permitido ser un pasivo consumidor y no un activo ciudadano, este aparente nuevo paradigma de “guerra contraciudadana” quiebra la naturaleza del ejercicio de democrático de la movilización social. En este marco, ya no solo se reprime y criminaliza la protesta pública, sino que los “toques de queda” y declaratorias de estados de excepción sirven de instrumentos legales que nos condenan a la muerte o a la mutilación. Solo en Chile, esta “guerra” ha dejado a más de docientos chilenos invidentes por la mutilación que sufrieran de sus ojos al ser disparados directamente por los carabineros. ¿Qué es lo que la “dictadura empresarial” no quiere dejarnos ver hasta el punto de dejarnos ciegos? En su ensañamiento contra la ciudadanía levantada ¿También serán capaces de ordenar se nos corte la lengua para sembrar el miedo a no reclamar por sus flagrantes actos corrupción, la venta de nuestra tierra, nuestros recursos hasta la privatización de nuestras vidas?

Después de las dictaduras pasadas de derechas e izquierdas, de los terrorismos que sufrimos, de sus maquinarias de la muerte, de los horrores de nuestras guerras intestinas e ideologías de odio racistas, misóginas, homofóbicas que costaron la muerte, desaparición y tortura de miles de compatriotas que aún seguimos contando, de las luchas por recuperar y mantener la democracia, el retorno de la paz que creíamos perdida ¿Cómo explicar este nuevo escenario? ¿Dónde quedó el “Nunca Más”? ¿Cuánto muertos debemos de sumar a nuestras interminables listas ahora en  defensa de los intereses de esta “dictadura empresarial”? ¿Cuántos más ciudadanos y ciudadanas, policías y militares deben morir para frenar esta nueva “guerra” que nos empuja al fratricidio? ¿Cuánto más debemos ver sangrar a nuestros países?