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Una publicación de la asociación SER

¿Y qué si nos dejamos de concentrar solo en los partidos políticos?

Foto: Onpe

Abdul Trelles. Antropólogo.

A mediados de la década de 1980, Jean-Francois Bayart, cientista político francés, abrió un nuevo enfoque para el análisis de los Estados, la democracia y los sistemas políticos en los países de "tercer mundo". Su enfoque partía de una crítica: los estudios realizados por sus colegas, tenían siempre una mirada occidental y colonialista que solo analizaba en qué medida las instituciones estatales habían sido adoptadas. Partiendo siempre desde el mismo enfoque, los análisis eran redundantes y concluían siempre lo mismo: dichos países eran "Estados fallidos" y sus sistemas y regímenes políticos habían fracasado. Y ni miraban ni estudiaban las interacciones sociales y los actores políticos, que es lo que hace que las instituciones políticas funcionen.

En el Perú, si algo han hecho las investigaciones realizadas sobre nuestro sistema político es afirmar que los partidos políticos han colapsado y que tenemos una crisis de representación. Estos análisis llamarían la atención, si no fuera porque podemos rastrearlos desde la década de 1990. Y aunque el retorno a la democracia, la salida de Fujimori y el proceso de descentralización provocaron un aumento exponencial de estudios que buscaba entender qué ocurría con los partidos políticos, las conclusiones son las mismas.

La aparición de movimientos políticos regionales, fruto del proceso de descentralización iniciado la primera mitad de la década del 2000, supuso un rebrote de análisis que buscaban entender qué efectos tendrían estas organizaciones en la política peruana. Los análisis que viraron a tratar de entender la política regional, terminaron cayendo en el mismo saco: estas organizaciones eran un reflejo de los partidos políticos, con sus mismas fallas y errores, y más limitadas. Peor aún, se afirmaba que promovían la atomización política, y que eran contraproducentes para construir un sistema político nacional fuerte.

Es por ello que cuando hace algunas semanas George Forsyth, el ahora virtual candidato, fue el primero en manifestar que estaba en conversaciones con Restauración Nacional para lanzar su candidatura presidencial generó gran ruido mediático. Ante sus acostumbradas preguntas, los medios han encontrado las mismas respuestas de los analistas consultados: los partidos políticos han colapsado, solo funcionan como vientre de alquiler, son "partidos-pescador", son catch-all, no cumplen su rol de representación, entre otros. Lo mismo que ya se ha dicho en las elecciones regionales del 2018, las elecciones nacionales del 2016 o las del 2011.

El tumulto se ha hecho más grande con la inscripción del empresario minero Roque Benavides en el APRA, o la más reciente de las exministras Flor Pablo y Gloria Montenegro en el Partido Morado, las insinuaciones de Hernando De Soto como candidato presidencial o la ya anunciada candidatura de Keiko Fujimori, por cuarta vez. Aquí se toman estos casos como ejemplos de lo ya evidente: que los partidos políticos han dejado de ser vehículos de representación, no tienen bases, agenda política ni una estructura partidaria organizada, y que se guían por lo mediático antes que lo programático. Y ante eso se ha llegado a afirmar que "nuestra democracia está en cuidados intensivos", como si la democracia girara solo entorno a los partidos políticos.

Hay que preguntarse, entonces, si entender nuestro ejercicio democrático pasa por tomar solo como único punto de referencia a los partidos políticos. La realidad parece mostrar que no. De hecho, parece que los partidos se han convertido en un rótulo y un límite en sí mismos que no permite realizar un análisis más profundo. Y es ahí en donde, creo, radica el problema, los análisis han dejado de lado a otros actores importantes, que son quienes soportan a las instituciones políticas: los candidatos, políticos, la ciudadanía y todos aquellos que los rodean. Se ha obviado entender nuestras propias dinámicas como país (más alla de los "modelos" que dicen cómo deberíamos funcionar) que permitan comprender los procesos bajo los que se constituye y se piensa la política desde y para los candidatos y la ciudadanía; en suma, nuestra cultura política y ejercicio de representación y elección que es también parte importante de nuestra democracia.

Tal como sostuvo Bayart, hace más de 30 años, hay que desmontar los moldes bajo los cuales siempre se ha pensado y se sigue pensando nuestra democracia y nuestras instituciones. Repetir siempre el mismo menú y afirmar siempre que los políticos son populistas no ayuda a entender las lógicas bajo las cuales los candidatos emergen, y las estrategias que hace que se consoliden y ganen elecciones. Repetir que todo es clientelista tampoco ayuda a comprender las demandas ciudadanas, nacionales y locales, y por qué votamos como votamos. Afirmar y reafirmar que nuestras instituciones políticas han colapsado no permite ver las relaciones que se suscitan al interior de cada una de ellas. Desmontar es importante.

La política nacional, entonces, parece no haber sido comprendida en sus multiples dimensiones. Se enarbola nuestra diversidad territorial, pero en el análisis político no existe. Si no se toma en cuenta la diversidad política en los distintos territorios, es difícil hablar de  una "política nacional". De ahí que se hable de los "Acuña" o "José Luna" regionales como un mal producto de nuestro proceso de descentralización. Si se habla de nuestras instituciones políticas, es necesario comprender quienes la estructuran. Si se habla de partidos políticos es importante ver quiénes lo conforman. No mirarlas y mirarlos como fenómenos marginales.

Y, si se habla de elecciones es importante ver a los candidatos y los grupos que lo rodean, comprender lo que está detrás de una candidatura y superar la barrera de limitarse solo a saber si militan o no en partidos políticos. Ese es el reto en el actual proceso. Entender que las organizaciones políticas son un actor más en las elecciones. Y, dado el contexto actual, se debe de promover que los ciudadanos conozcan bien a los candidatos y a quienes están detrás de ellos, los intereses que tienen, protegen y siguen, y las políticas y planes que tienen para el país, eso es lo más importante de cara a esta nueva elección.