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Una publicación de la asociación SER
Fotógrafo documental, interesado en construcción de archivo fotográfico, género, migraciones, informalidad, educación y desigualdad social.

Mónica: El tejido me ha ayudado en la vida universitaria.

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Mónica Ccallizana tiene 20 años y vive en el centro poblado de Huantacachi, distrito de Acora (Puno). A los 6 jugaba a tejerle ropa a sus muñecas y a los 8 empezó a elaborar personajes en miniatura con fibra de alpaca, con el tiempo y la práctica, su técnica fue mejorando hasta que le permitió convertirse en la artesana textil que es hoy.

Con más de 18 años de experiencia en el tejido artesanal Mónica decidió añadirle la contabilidad a su pasión, carrera profesional que estudia en la universidad. Gracias a otras mujeres que compartían su conocimiento en tejido artesanal, aprendió desde muy pequeña la técnica que perfeccionaba todas las noches junto a su madre Ilda Quispe. Ambas se incorporaron hace 3 años a la cooperativa de artesanías Lupaca un espacio de aprendizaje donde se complementa el trabajo de tejido con la gestión empresarial y el marketing.

“Yo crecí en el campo con la agricultura, la ganadería y la artesanía. Desde pequeña tuve la idea de crear una empresa en la que se elaboren prendas con lana de alpaca y lana de ovino. El Estado no llega a la zona rural, no existen muchas alternativas de ingreso y no se puede sobresalir solo trabajando en ganadería y agricultura” señala la joven artesana.

Sin embargo, Mónica se enfrenta a un problema al optar por las artesanías como alternativa económica: el bajo precio que los clientes quieren pagar por sus productos. “Nosotras necesitamos un ingreso y al final tenemos que ofertarlo a lo que quieran darnos a cambio. El público no desea pagar el precio justo, siempre me he preguntado por qué”.

Mónica explica que “para terminar una vincha te demoras 3 horas, un chullo 4 horas y una chompa te demora entre 2 y 3 días depende del modelo. Yo trabajo de 7 y media am hasta el medio día que voy a la universidad. Regreso a las 4 de la tarde y continúo tejiendo hasta las 7 pm. Cuando estoy de vacaciones empiezo a tejer de 9 a 1 pm y luego retomo de 6 hasta las 8 pm”.

La joven artesana opina que “actualmente los niños y jóvenes no se interesan por la artesanía estas preocupados por la tecnología, pero mirando el celular todavía eres niño y al tejer aprendes de la vida, tienes una responsabilidad, te pones plazos, planificas tu tiempo, debes ser puntual, trabajas en equipo, respetas los horarios, es un compromiso contigo mismo. El tejido me ha ayudado en la vida universitaria. Cuando te hacen pedidos debes organizaste para ver cuando estudias y trabajas para llegar al plazo de entrega”

“Se piensa que la artesanía no genera tanto ingreso y que no tiene oportunidades en el mercado, pero la solución es trabajar en colectivo y no ser individualistas. Nosotras podemos focalizar mercados y organizarnos, los extranjeros quieren nuestros productos y podemos exportar. Las expoferias nos ayudan porque se vende a un precio justo y hay mayor demanda. Eso te motiva a hacer artesanías” afirma Mónica.

La joven artesana considera que el Estado tiene olvidada a la artesanía: “el Ministerio de Cultura valora las lenguas, las danzas, pero falta la textilería, la artesanía ya que con programas públicos de capacitación vamos a poder tener otras alternativas de sostenibilidad económica”

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Mónica junto a otras artesanas de la cooperativa Lupaca participaron en la última expo feria Lupaca que se desarrolló en Puno el pasado 26 y 27 de Julio. Las artesanas de la cooperativa Lupaca trabajan la totora, la artesanía de barro y el textil.

Más información Artesanía Lupaca 

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