Julio Failoc

Opinión

El maestro presidente

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Quien no entienda que el triunfo de Castillo revela una fractura y deuda social histórica que tiene el país con los más pobres, se va a quedar con la idea que en el Perú los comunistas ganaron las elecciones.

Los grupos de poder entendieron mal el eslogan de Castillo en la campaña y el “No más pobres en un país rico” lo tradujeron como “No más ricos en un país pobre”. Es decir, creyeron que el plan de Castillo y Cerrón era acabar con los ricos, es decir, que les expropiarían los medios de producción para pasarlos al control del Estado. De hecho, también los asustó el ideario de Cerrón, estoy seguro de que, si éste hubiera sospechado que iba a pasar a la segunda vuelta, jamás lo hubiera colgado en la página del Jurado Nacional de Elecciones.

Con esta creencia, los poderes fácticos pusieron en marcha un plan siniestro para la demolición de la candidatura de Pedro Castillo. Lo escrutaron hasta la saciedad sin encontrarle nada, razón por la cual tomaron la decisión de centrar su campaña en contra de Cerrón, mientras que al profesor Castillo lo vincularon con el MOVADEF para “terruquear” todo lo que decía o proponía.

Alinearon todo, medios de comunicación (televisiva, radial y escrita), partidos políticos, encuestadoras, futbolistas, farándula y hasta al vidente de América, con el fin de “salvar la democracia de la amenaza comunista”. Llegaron incluso a vincular al profesor con “Sendero Luminoso”, aprovechando el anonimato en las redes sociales. Nada más falso, no solo porque Castillo nunca militó en algún partido de izquierda, sino porque desde muy temprana edad fue un cristiano convicto y confeso, alejado del dogma marxista leninista, pero muy pegado a la justicia social y a la reivindicación de los que menos tienen. Adicionalmente, apelaron a la discriminación racial, por la forma como se comunicaba, sin entender que los usos del castellano en las zonas rurales son distintos a los de la ciudad.

Pero como siempre, estos poderes fracasaron una vez más en el intento, como lo hicieron cuando apoyaron a Vargas Llosa, luego al Fujimori del año 2000 --que para ganar tuvo que hacer fraude-- y a Keiko en las tres oportunidades, quebrantado ese dicho que reza “A la tercera va la vencida”. Los poderes fácticos en lugar de demoler la candidatura de sus adversarios, terminan favoreciéndolos, porque cuando la voluntad popular percibe que quieren torcerla, se resiste… ¿habrán aprendido la lección esta vez?

Los poderes terminaron convirtiendo a Castillo en el Maestro Presidente. Jamás se imaginaron hacer del rondero, del profesor de primaria, del campesino que come lo que siembra, un maestro presidente. Sí, un maestro presidente, que nos dio cátedra de humildad y sabiduría de lo que quiere y siente el pueblo que ya no puede más, y que ingenuamente ha empeñado su palabra de que no habrá más pobres en un país rico.

Hoy he visto en él a un hermano campesino triste y pensativo. Él nos ha enseñado a amar la rosa y la justicia, la justicia y la luz. Con el tiempo aprenderá a hacer con el verso transfusiones de sangre, y en esta hora de la Patria, en la que a unos les roban lo que a otros les falta, la Patria le ha hecho justicia con su voto. Hoy con su humildad, el profesor Pedro Castillo, peruano como nosotros, nos ha dado de sobra esa dignidad que tanto nos estaba haciendo falta…