Ana María Vidal

Opinión

El paramilitarismo: el otro golpe al Estado

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Mientras medio Perú está pendiente de las elecciones, este viernes 23 el Congreso de la República volvió a golpear el Estado de Derecho, al legalizar el paramilitarismo.

La conformación de ejércitos paralelos al de las Fuerzas Armadas oficiales, eso es el paramilitarismo. En el Perú lo sufrimos mediante una de sus formas más perversas en el conflicto armado interno. Desde el gobierno central, al ver que no podían ganarle al terror de Sendero Luminoso en los Andes y la Amazonía, abdicaron de su mandato, se resignaron al ver que no eran capaces de garantizar la seguridad de la Nación mediante el Sistema de Defensa Nacional (Fuerzas Armadas y Policía Nacional) y se aprovecharon de la resistencia organizada de las rondas y las mandaron a combatirlo. En vez de protegerlos, que para eso deberían estar las Fuerzas Armadas y la Policía, les entregaron armas y los utilizaron como carne de cañón.

Fue el mismo gobierno el que golpeó el Estado de Derecho. Y cuando por fin los pueblos indígenas, a través de las rondas campesinas, vencieron a Sendero en la zona andina, el gobierno central y las Fuerzas Armadas les quitaron todo apoyo, se olvidaron de ellos y se autoadjudicaron el triunfo. Durante casi 30 años nos han querido imponer esa verdad oficial.

Hoy, el golpe al Estado de Derecho lo ha vuelto a dar el Congreso. Con una ley que busca revivir estos Comités de Autodefensa para combatir la infiltración y los ataques terroristas, el tráfico ilícito de drogas y la inseguridad ciudadana; y por si fuera poco, como apoyo a la Policía y a las Fuerzas Armadas en tareas de pacificación y seguridad. Así, vuelven a usar a los pueblos indígenas como carne de cañón para enfrentar problemáticas que no han podido, o no han querido enfrentar: las economías ilegales. Para nadie es un misterio que el narcotráfico cuenta aliados poderosos para operar.

Las economías ilegales se alimentan y potencian entre sí, el narcotráfico, la minería y la tala ilegal, y la trata de personas son un círculo vicioso que se expande cada vez más en la Amazonía, y está matando a los defensores indígenas que las enfrentan. La manera de combatirlas es con un accionar eficiente de la policía, con mecanismos para la protección de las personas defensoras de derechos humanos y con políticas públicas de desarrollo integral en las que estén comprendidas diversos sectores del Estado. La manera de enfrentarlas no es armando a los mismos pueblos y poniéndoles como carne de cañón, exponiéndolos. Y además el Estado debe reconocer que el narcotráfico en el VRAEM no tiene nada que ver con lo que fue Sendero Luminoso, seguir con este discurso para justificar la entrada de las Fuerzas Armadas, termina evidenciando la connivencia con el narcotráfico.

Mediante esta Ley de creación de los Comités de Autodefensa también se golpea a los pueblos indígenas, ya que ni siquiera se les ha consultado, y además se propicia la creación de organizaciones paralelas dentro de sus territorios y comunidades vulnerando así su derecho a la autonomía, libre determinación y jurisdicción indígena. Esta ley, que aún no ha sido promulgada por el presidente Sagasti, contempla una serie de facultades para estas organizaciones paralelas y/o paramilitares dentro de las comunidades, e incluye la posibilidad de dotarles de armamento, además de proponer proyectos y recibir subvenciones económicas del gobierno nacional. Es una ley que busca debilitar la organización indígena. Por eso ONAMIAP (la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Amazónicas y Andinas del Perú) levantó su voz de protesta de manera inmediata.

El Presidente Sagasti no debe promulgar esta Ley porque es un atentado contra el Estado de derecho, porque viola los derechos de los pueblos indígenas y porque promueve el paramilitarismo.

Una vez más, el Congreso de la República no deja de sorprendernos, no deja de atacar al país que lo eligió, ahora son los pueblos indígenas, mañana será el Tribunal Constitucional y seguirán hasta el último día de su legislatura. Y lo más grave es que pareciera que el próximo Congreso no será mejor que este.