Pablo Najarro Carnero

Opinión

Elecciones, comunismo y fe

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Está elección de segunda vuelta con más intensidad que en otras, nos puede dar miradas diversas a evaluar desde el aspecto político y también desde las relaciones humanas que se desencadenaron.

Una primera es que ha involucrado a mucha gente en el tema político. Sienten que el tema los afecta y han tomado partido. Eso es bueno. Lo malo es que han entrado por un miedo o temor infundado introducido desde hace tiempo en el colectivo social o imaginario social. Han caído en el miedo al comunismo y así ligado, a un terrorismo del pasado.

Bajo ese principio, se ha exacerbado como un apelativo denigrante, asociar el concepto de socialista o comunista y marxista, a ser proclive -condenado por ello-, a ser apólogo inequívoco del terrorismo, y por certeza innegable, a asociarte a los narcoterroristas del VRAEM. Para variar, ellos no se consideran senderistas y menos seguidores del encarcelado y rendido Abimael Guzmán.

Lo preocupante es constatar que muchos desconocen el tema político y defienden a capa y espada mentiras inmensas por su inexperiencia, no teniendo argumentos razonables o verificables, lo que los lleva a defender su posición con la ofensa personal. Algunos, no sé si con pena lo digo, me han eliminado de su círculo de amistades.

Otro argumento que lo veía venir hace tiempo, fue el tema religioso. Me ha dado pena constatar como sacerdotes y obispos han tomado partido político. El Obispo Castrense, el de Arequipa, el de Piura y otro de la selva. Lo penoso es que han usado argumentos de hace unos cien años – documentos eclesiales de 1917 – que ciertamente no han sido actualizados al tiempo presente.

Soy católico y no soy comunista. Explico. En esa época, la Iglesia tomó muy en serio un análisis social de Karl Marx. Y es bueno recordar que la frase “La religión es el opio del pueblo”, no se refería exactamente a la Iglesia Católica. Estudios modernos de teología nos han permitido reconocer que tal afirmación es verdad en su tiempo y contexto. Tan verdad como cuando se decía que “matar infieles” – musulmanes – no era pecado y era mas bien “un camino al cielo”. Esta predica tampoco ha sido borrada de nuestro historial católico por ejemplo.

Volviendo a Marx. En estudios de teología reconocemos como Iglesia Católica en el Perú y quizá en otros países y realidades, que fuimos el opio del pueblo. Para el recuerdo de muchos espero, la literatura indigenista está marcada por nuestra presencia desde la colonia bajo la cruz y la evangelización. La destrucción de nuestra identidad en el nombre de Dios. Después cuando el mundo vio la barbarie, la de asustar a los conquistados con el infierno y el fuego eterno si se rebelaban a sus patrones y al rey ibérico, se cambio la manera de tener tranquilos a los dominados.

Hasta no hace cien años, los patrones quitaban por medio de artimañas legales, sus tierras al nativo, la obra de Ciro Alegría, “El mundo es ancho y ajeno” lo constata. En cada hacienda había una capilla con sacerdote de por medio, para invocar a los ángeles contra toda gana de reclamar ante la injusticia.

Lo que el marxismo no ha querido es que la religión – no exactamente la Iglesia Católica – dada su constatación, que cualquiera de ellas sea parte del quehacer político.

De lo expuesto, eso no quita que un creyente – católico o de otra confesión – haga política. La Iglesia católica lo recomienda a los laicos. Lo ha dicho en el Concilio Vaticano II (1965), pero ha limitado esa acción en los sacerdotes y religiosos. Muchas confesiones religiosas lo han hecho abiertamente, como el caso de nuestro Perú. Los evangélicos apoyando al fujimorismo de los inicios; los llamados Israelitas en su fundamentalismo cristiano andino. Y así varios, bajo el nombre religioso, han llegado al Congreso. En la última elección, sectores conservadores de la Iglesia Católica – el Opus Dei – con el candidato López Aliaga, han mostrado abiertamente su filiación religiosa. Muchos, arengados por ellos, han tomado partido haciendo uso de acciones litúrgicas – rezo del Rosario – para apoyar a la candidata Fujimori. Ingenuamente diciendo que no es por ella, sino para evitar el comunismo.

Lo bueno ha sido que ni el Cardenal y ni el Arzobispo de Lima hayan tomado partido.

Igual. Si llegase Castillo a gobernar, habrá que esperar que su “Palabra de Maestro” sea tal y que cumpla las promesas, menos mal no despilfarradora de bonos. Pero ha habido promesas y esperamos que las cumpla.