Roger Merino

Opinión

¿Qué tipo de radicalismo representa Pedro Castillo?

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¿Pedro Castillo es el Evo Morales peruano? ¿Se asemeja más a Rafael Correa o a Hugo Chávez? ¿Se le puede acusar de representar a una izquierda primitiva o incluso pro-senderista? A partir de una revisión del “Ideario y Programa” de Perú Libre (en adelante, el Programa (1)), del análisis de sus últimas declaraciones y de una mirada panorámica a su trayectoria política, se puede llegar a algunas conclusiones preliminares.

Sin duda, Castillo comparte el ímpetu de los procesos de cambio social que surgieron a finales de los noventas durante el “Giro a la Izquierda” en América Latina, y que tuvieron como punto en común la crítica a políticas neoliberales (tratados de libre comercio, privatización de servicios públicos, flexibilización de estándares laborales y ambientales, entre otras) que profundizaron la desigualdad y la precariedad social. Estos procesos, sin embargo, tienen muchas particularidades. Más allá de la distinción que se hizo entre la izquierda moderada (Brasil, Argentina y Uruguay) y la radical (Bolivia, Ecuador, y Venezuela), dentro del grupo radical, las experiencias de Ecuador y Bolivia se caracterizan por estar muy arraigadas en el movimiento indígena, campesino y ambientalista, mientras que la venezolana se sustentaba más en la movilización de los sectores urbanos marginales. En el Programa de Perú Libre, si bien se hace una alusión general a las izquierdas en el mundo (incluyendo la venezolana y la cubana), explícitamente sigue al modelo ecuatoriano de Rafael Correa y, en menor medida, al boliviano de Evo Morales.

La cuestión es que, en términos sociales, Castillo se asemeja más a Morales debido a que ambos emergen de las áreas rurales olvidadas por el Estado. El profesor cajamarquino se reivindica como rondero, campesino y líder sindical de maestros. Morales lo hacía como indígena y líder sindical cocalero. En términos de aspiraciones políticas, sin embargo, el Programa ensalza más bien la “revolución ciudadana” de Correa pero la articula con proclamas propias del izquierdismo estructuralista de los años 60. Sustancialmente, entonces, la propuesta de Perú Libre difiere de ambos modelos.

La primera diferencia es la base social. Morales y Correa articularon – no sin tensiones- una coalición entre sectores urbano marginales, trabajadores, indígenas y activismo ambiental. Esta coalición permitió llevar con éxito un proceso constituyente que cambió reglas sociales y políticas fundamentales. Aunque Perú Libre aboga por un cambio de constitución, no se observa en el Programa una coalición de esa naturaleza y en la representación política que ha logrado obtener en el Congreso no resaltan líderes afines a los pueblos indígenas o al ambientalismo, por ejemplo. Son más bien personalidades regionales o ligadas al gremio de maestros.

La política económica post-neoliberal en Ecuador y Bolivia se sustentaba e una fuerte regulación del mercado y la “nacionalización de los recursos estratégicos”. La nacionalización en la práctica no significaba la apropiación de activos, sino el cambio de los términos de negociación para incrementar las rentas extractivas y profundizar la redistribución(2). En el Programa se plantean medidas similares aunque se pone más énfasis a la nacionalización que la redistribución. También comparte con esas experiencias las proclamas desarrollistas que emergieron a mediados del siglo pasado sobre la necesidad de industrialización y soberanía económica.

En el ámbito ambiental existen diferencias marcadas, al menos con las propuestas iniciales de Morales y Correa. Ambos tenían un fuerte compromiso ambiental que fue traducido en sus constituciones, políticas y leyes innovadoras, incluyendo los derechos de la naturaleza o el trunco proyecto de Yasuní en la Amazonía. El Programa da un tratamiento marginal al tema ambiental, incluso utiliza el discurso agresivo que Correa, una vez en el poder, vociferó contra lo que llamó el “ambientalismo infantil”(3). El Programa levanta este discurso para criticar a las “ONGs ambientalistas” que buscan alternativas al extractivismo y, a su vez, sobrepone el objetivo desarrollista de industrialización nacional sobre los fines ambientales.

La cuestión indígena también deja mucho que desear en el Programa. Los proyectos de Morales y Correa tuvieron al plurinacionalismo como un eje central para cambiar el modelo de estado y reconocer a los pueblos indígenas como naciones con derechos territoriales. En el Programa solo se menciona la consulta previa y muy tangencialmente al estado plurinacional. Más bien se enfatiza que el estado debe ser federal, con autonomía política y fiscal de los gobiernos regionales. El federalismo clásico se opone al plurinacionalismo pues invisibiliza las naciones indígenas y fortalece más bien los regionalismos(4).

En suma, el proyecto de Pedro Castillo y Perú Libre tiene ciertas semejanzas con los procesos de cambio social llevados a cabo por Morales y Correa, pero también muchas inconsistencias derivadas de una mayor influencia del izquierdismo sindical clásico. A esto se agrega que Castillo ha rechazado en varias declaraciones lo que llama despectivamente la “ideología de género” y más bien ensalza los “valores de la familia”. En el ámbito de los derechos humanos, el Programa explícitamente arremete contra el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la Sociedad Interamericana de Prensa, acusándolos de ser afines al imperialismo. Como resultado, Castillo ha sido acusado de representar una “izquierda aldeana o primitiva” o incluso pro-senderista.

No hay ninguna justificación en calificar, con aires de superioridad y mucho desprecio, a una izquierda que ha nacido desde las provincias como aldeana o primitiva. Cada toma de carretera, de lote petrolero, huelgas de maestros, agricultores, etc. está marcada por una profunda necesidad de equidad frente a una clase política y social que mira a la periferia desde el hombro. Alguien iba a canalizar el descontento. Además, los movimientos sociales evolucionan y se adaptan constantemente. Las ideas y las categorías son muchas veces medios –antes que principios - a través de los cuáles se canalizan profundas demandas de justicia.

La acusación de pro-senderismo es más grave aún. Varios medios ya comienzan a asociar canciones populares que se escucharon en las protestas de maestros o vestimentas propias del área rural como expresiones subversivas. El terruqueo es una de las formas más extremas de racismo porque asocia la figura del terrorista a determinada apariencia, clase social, territorio y cultura. El objetivo de denigrar, criminalizar y limitar la agencia política. Sin mencionar el hecho de que los ronderos fueron claves en la lucha contra Sendero Luminoso, los que levantan ese tipo de acusaciones deben reflexionar sobre cómo crear un partido, competir en elecciones y buscar alianzas políticas es intrínsecamente contradictorio a cualquier proyecto subversivo.

Tampoco puede romantizarse la figura de Castillo. Una visión paternalista acepta que el líder izquierdista rechace el enfoque de género o agendas progresistas en general porque se trata de un campesino con costumbres conservadoras arraigadas en el ámbito rural. Sin embargo, no se pueden justificar discursos y prácticas discriminadoras bajo argumentos culturalistas. En el mundo rural y la Amazonía ya existen liderazgos femeninos en los movimientos sociales. Un país con tasas tan altas de feminicidios y violaciones no puede pasar por alto argumentos que menoscaban los derechos humanos y de las mujeres y grupos LGTB en particular, no importa el color de las banderas que levanten.

Finalmente, no hay muchas certezas sobre qué rumbos pueda tomar Castillo de ganar la elección, a pesar que algunos lo proyectan como un héroe contra el neoliberalismo. Castillo ha tenido militancia previa en partidos de diferente orientación política y dada su experiencia gremial, parece una persona pragmática, acostumbrada al cabildeo y la negociación política. Podría ser una figura parecida a Ollanta Humala que rápidamente fue capturado y domesticado por las élites gubernamentales y económicas(5) (a pesar que ha adelantado que no firmará una “Hoja de Ruta”). También podría ser un Fujimori y dar un rápido giro autoritario frente a un Congreso hostil y con pocos aliados en el sistema político formal. No se puede descartar tampoco que pueda dar el giro autoritario a la izquierda o que desarrolle un modelo de radicalismo propio capaz de navegar y sobrevivir las bravas mareas políticas sin romper el orden constitucional. Todo es incierto.

Pero justamente esa incertidumbre lo diferencia de Keiko Fujimori. Con ella hay certeza de que no le importa romper cualquier compromiso democrático. Hay certeza que usó todo su poder sobre el Congreso para imponer una agenda anti-derechos ciudadanos, generando una inestabilidad política y social insensata incluso iniciada la pandemia. Mucho de la crisis que sufrimos hoy se lo debemos a su tremenda ambición. Y con todo, parte con ventaja en la segunda vuelta porque tiene el favor de los grupos de poder económico, los medios y ciertas élites intelectuales influyentes que no tienen reparos en mostrar a ambos candidatos como dos extremos iguales de malos. Tiene a su favor también la experiencia en la guerra política y su falta de escrúpulos. Si Castillo quiere ganar la elección debe plantear una serie de compromisos sociales y democráticos. Ni siquiera una “Hoja de ruta” para la platea limeña y sus élites que solo buscan justificar su pre-definido voto por el status quo, sino compromisos por los derechos humanos y el orden democrático para que pueda articular coaliciones políticas dentro del amplio espectro antifujimorista. De lo contrario, Castillo no pasará de ser una posibilidad de cambio y nos dejará un bicentenario con la élite política más nefasta de nuestra historia de nuevo en el poder.

Notas

(1) Peru Libre (2020) Ideario y Programa. Huancayo, disponible: http://perulibre.pe/wp-content/uploads/2020/03/ideario-peru-libre.pdf

(2) Merino Roger (2018) Reimagining the nation-state. Indigenous peoples and the making of plurinationality in Latin America. Leiden Journal of International Law, 31 (4): 773-792.

(3) Merino Roger (2016) An alternative to ‘alternative development’? Buen vivir and human development in Andean countries. Oxford Development Studies. 44 (3): 271-286.

(4) Merino, Roger (2021) Socio-Legal Struggles for Indigenous Self-Determination in Latin America: Reimagining the Nation, Reinventing the State. Routledge: London – New York.

(5) Merino, Roger (2020) The cynical state: forging extractivism, neoliberalism and development in governmental spaces. Third World Quarterly, 41(1): 58-76.