Augusto Rubio Acosta

Opinión

Tarmap pacha-huaray. Azucenas quechuas

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He leído de un tirón Tarmap pacha-huaray. Azucenas quechuas, el libro bilingüe de Adolfo Vienrich, hermoso alegato y apuesta identitaria publicado originalmente en Tarma [1905] y rescatado por Pakarina Editores en una nueva y completa edición salida de imprenta en mayo del año pasado.

El libro, suscrito en su portada por "unos parias", recopila cuentos, poemas, fábulas y canciones indígenas. Se trata de la primera propuesta indigenista registrada en el Perú, legado ético de un autor preocupado por la configuración de nuestras identidades; sus páginas trasuntan una cerrada y radical defensa de los indios, de su lengua y saberes, de sus prácticas y rituales ancestrales.

Tarmap pacha-huaray. Azucenas quechuas venció al silenciamiento de la clase hegemónica y cultural de su tiempo. Más de un siglo después, el pensamiento progresista de Vienrich, un folklorista y etnohistoriador que estudió ciencias en San Marcos, perteneció al círculo literario de González Prada y publicó otros dos libros [un silabario y un volumen de fábulas], continúa vigente con este libro que ojalá pudiese llegar a las grandes mayorías.

La preservación de nuestras lenguas originarias debería ser una tarea colectiva en la que todos estemos involucrados, el conocimiento y tradiciones que encierran aportan decisivamente al componente identitario nacional. Este libro, que apareció por entregas antes de su primera edición completa en 1905, generó reacciones negativas de parte de la sociedad conservadora y de la iglesia católica de su tiempo. Su autor fue acosado y perseguido al pretender educar a los indios y al colisionar con los intereses de los terratenientes; su suicidio en 1908 puso fin a una vida dedicada a transgredir, quizá la única forma de educar con propiedad a los pobres e invisibles de su época, actitud que también aplica evidentemente a los tiempos que hoy vivimos.