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Opinión

Vacunación clandestina, indignación pública

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Como ocurre en toda grave crisis, la pandemia que vivimos ha permitido que emerja lo mejor y lo peor de nosotros. Somos testigos de nuestras miserias y de nuestras grandezas. Esta semana nos hemos consternado ante el escándalo del uso discrecional y secreto de un lote de vacunas que estaba destinado al equipo de la Universidad Cayetano Heredia, a cargo del estudio clínico de la empresa Sinopharm.

Así, hemos ido conociendo los detalles de la vacunación clandestina y oculta de Martín Vizcarra, cuando aún ejercía el cargo de presidente de la República; hemos constatado las mentiras de la ex ministra Pilar Mazetti en torno al caso y a su propia vacunación, y hemos escuchado las penosas confesiones del doctor Germán Málaga, responsable del estudio y autonegado “dealer” de las vacunas, revelando los sorprendentes criterios con los que fueron vacunados una serie de personajes ajenos el estudio.

Todo lo visto y vivido estos días ha provocado una profunda indignación en la ciudadanía. No solo el hecho mismo de la vacunación “por lo bajo” de las más altas autoridades al frente de la lucha contra la pandemia, no solo las mentiras para encubrir tal privilegio, sino las justificaciones que han dado estos personajes, refiriéndose a su situación en el servicio público como “de riesgo”, olvidando las condiciones en las que laboran miles de servidores del sector salud, y desmereciendo la batalla cotidiana de millones de familias peruanas por asegurarse un mínimo de ingresos y alimentación, enfrentando la posibilidad de un contagio que liquide los escasos recursos y reservas que quedan al borde de cumplirse un año de la emergencia sanitaria.

En este momento resulta fundamental que los esfuerzos del gobierno se concentren en asegurar que los acuerdos y contratos con Sinopharm y los distintos proveedores de vacunas, se cumplan en los plazos pactados, ya que esa será la forma más eficiente para que la ciudadanía recupere la confianza perdida. Asimismo es clave que la labor fiscalizadora del Congreso no sea distorsionada por quienes desde sus escaños solo buscan generar una nueva crisis política.

En Noticias SER creemos que la indignación que sentimos por este escándalo debe ser también vista como un parteaguas con la cultura del “sálvese quien pueda y como pueda”. No sólo para que se investigue y sancione a quien corresponda, sino para acabar con prácticas y manejos inaceptables. Entendamos de una vez por todas, tanto el gobierno y las autoridades como la ciudadanía, que la lucha contra la pandemia debe ser un esfuerzo conjunto y sostenido, en el cual no hay lugar para privilegios de ningún tipo.